El día anterior hablaba precisamente de eso, de esguinces.
¿El no tocar madera al decir que nunca había tenido uno ha sido la causa?¿tal vez el hecho de abusar tanto de un deporte ha hecho que la vida me dé una lección?
No creo en esas cosas, pero lo cierto es que ha sido curioso.
Bueno, el día comienza a las 5 de la mañana, tras haber dormido 4 horas (de forma intencionada, y con una tarde anterior de felicidad absoluta, para qué negarlo).
No tengo sueño alguno, así que perfecto. Desayuno y a coger el coche para Benejúzar, lugar al que llego a las 8 de la mañana. El ambiente es impresionante, y las ganas de correr hacen que mi corazón se desboque cada segundo más.
Van a ser 32 kilómetros de montaña preciosos, esa es mi sensación. Y así es. Comienza la carrera a las 9 de la mañana y todos los corredores estamos exultantes. Al principio, como me pasa siempre, tengo pequeñas molestias, pero a partir del kilómetro 10, en el que empieza a sonar "Rin-rin" de "El Kanka", voy realmente cómoda y con una sensación de libertad que me inunda el alma.
Así hasta el kilómetro 22 aproximadamente, en el que (como antes ya he advertido), observo que no me gusta eso de pasar corriendo zonas de barrancos en los que éstos se te quedan a la izquierda. No sé, será que controlo más con el pie derecho y me da menos cosa que haya un despeñadero en ese lado. Sí, debe ser por lo de ser diestra y esas cosas.
Paso ese barranco y la cosa sigue de cine. Ahora toca adelantar a los senderistas y seguir hasta la meta, que ya queda poco.
Pero... oye, cosas del destino; se ve que mis conexiones neuronales no se hallan muy allá, y se me ocurre pegar un brinco por la montaña cuando veo a Pablo, un gran amigo y fotógrafo de los que son difíciles de encontrar. Y en ese momento, cuando siento que el pie se me dobla completamente, es cuando pienso en la conversación que tuve el día anterior, y en toda la repercusión que puede tener lo que acabo de hacer.
Pablo me toca el tobillo y me dice que no es del hueso, que seguramente sea muscular. Un compañero me da un ibuprofeno y me anima a continuar, ya que si me enfrío lo único que voy a conseguir es no poder moverme.
Le hago caso, y además... a 3 kilómetros de meta no me voy a retirar. Aunque tenga que ir arrastrándome como en los obstáculos de barro de la Spartan Race, así voy a llegar.
Y por suerte, consigo correr con el pie derecho, y apoyando la punta del izquierdo, pese a que el dolor me está comiendo. Demasiados minutos tardo en llegar, pero llego. Así me lo he propuesto.
Y bueno, la cosa no ha ido tan mal.
Pese a que podría haber obtenido un tiempo de 3 horas y poco, mi tiempo es de 3 horas y media. Pero no me quejo. Al menos, lo he conseguido.
Entro a la ambulancia y me dicen que, como mínimo, tengo un esguince de grado 2, y que vaya a urgencias a ver si me tienen que escayolar.

La segunda cosa, ya no tan maravillosa, pero sí emocionante, es que he quedado primera en la categoría "senior" pese a todo, y con una clasificación no tan mala en la general.
Y así es como parto a urgencias. Con la esperanza de que me digan que en una semana estoy perfecta. Pero obviamente, no es así.
De momento, como bien decían las de la ambulancia, el esguince de grado 2 no me lo quita nadie. Ahora hay que esperar que no sea grado 3, ya que entonces sí que estaría en una encrucijada.
Y así estoy. Ahora mismo escayolada.
Yo, persona que no puede estar sentada más de dos horas porque le da un síncope.
Yo, persona que necesita correr todos los días del año.
Yo, que amo el deporte y todo lo que su práctica conlleva.
Pero bueno. Mi meta ahora mismo es que el esguince sea mínimo, y dentro de nada volver al ruedo.
Así que... descanso obligatorio que aprovecharé para estudiar y otros quehaceres. No hay otra.
De nuevo, gracias a todos los que hacéis que cosas así, se queden en simples anécdotas, como esta.
Nos leemos pronto. De momento, en unos quince días creo que no escribiré nada acerca de carreras.
Un saludo.